Casi siempre que se profundiza en una discusión sobre los asuntos humanos esta se acaba polarizando en un enfrentamiento entre defensores de la naturaleza y defensores de la cultura. Asuntos como la desigualdad económica el género la violencia la guerra ¿son naturales o culturales?

Las posiciones tienden a enconarse. Los defensores de la cultura a veces defienden el punto de vista de que el hombre no tiene naturaleza sino historia como decía Ortega y Gasset. Esta visión radical contempla al hombre como una especie de tabula rasa. Está es precisamente la visión que el libro de Steven Pinker va a denunciar.

Algunos de los libros que han buscado una naturaleza un humana han originado una polémica radical. Ese es por ejemplo el caso de la sociobiología de Wilson publicado en 1975 y cuya polémica duró décadas. Wilson fue acusado de racista, sexista, genocida, determinista o reduccionista al pretender que las pautas culturales humanas estaban incardinadas en su realidad biológica y que la cultura no era un sistema autónomo. El propósito de Wilson era explicar que algunos universales humanos, por ejemplo sentido moral, pudieran tener su origen en una naturaleza humana configurada por la selección natural.

Aunque esta idea ha pasado a convertirse en parte común del conocimiento de muchos científicos sociales en su momento fue criticada y malinterpretada. A los científicos sociales le parecía que la tarea de Wilson se entrometía ilegítimamente en su territorio y que hablar de las raíces genéticas de la moralidad, por ejemplo, incurría en un intolerable determinismo. Les parecía que Wilson abría el camino para responsabilizar a nuestros genes de cosas tales como la violencia o el sexismo.

Cuatro críticas al innatismo

En definitiva cualquiera que abogue y por la existencia de una naturaleza humana se tiene que enfrentar a cuatro recriminaciones.

  1. -Si las personas son diferentes de forma innata se justificaría la opresión y la discriminación. El miedo a la desigualdad.

  1. -Si las personas son inmorales de forma innata serían vanas las esperanzas de mejorar la condición humana. El miedo a la imperfectibilidad.

  1. -Si las personas son producto de la biología el libre albedrío sería un mito y las personas serían irresponsables por sus actos. El miedo al determinismo.

  1. -Si las personas son producto de la biología la vida ya no tendría un sentido y un propósito superior. El miedo al nihilismo.

Steven Pinker dedica gran parte de su obra a desmontar estás cuatro críticas. Vamos a ir analizándolas por partes.

El miedo a la desigualdad

La primera acusación de los defensores de la tabula rasa es que si los personas se diferencian de manera natural y los individuos se distinguen innata mente esto puede conducir a tres males.

El primero es el prejuicio. Si los grupos de personas son biológicamente distintos sería racional la discriminación de los miembros de algunos grupos.

El segundo es el darwinismo social. Si las personas son diferentes de manera innata eso podría llevar a que se culpe a las víctimas de su condición y se justifique como natural la discriminación y la desigualdad.

El tercero es la eugenesia; si las personas difieren biológicamente nos podríamos ver impulsados a intervenir biológicamente para mejorar la sociedad.

Steven Pinker argumenta contra estos tres peligros diciendo que se puede defender la existencia de una naturaleza humana sin caer en ellos. Respecto a la primera acusación:

1/ El defiende que las diferencias genéticas entre los humanos son pequeñas. La especie humana es una especie con muy poca variación genética dado que en un momento dado la población humana a paso por una especie de cuello de botella, y todos los seres humanos actuales son descendientes de un pequeño grupo de individuos que vivió hace unos 100.000 años.

2/ Además las diferencias promedio entre grupos no justifican diferencias entre individuos. Sabemos por ejemplo que las mujeres son más longevas que los hombres, pero dados uno hombre y una mujer cualquiera sería muy posible que el hombre viviese más que la mujer. Los descubrimientos que se realicen en biología nunca llegarán a justificar el racismo o el sexismo, precisamente porque tenemos la postura moral de no tratar a un individuo de acuerdo con los rasgos medios de los grupos a los que el individuo pertenece, y además porque tenemos la convicción, también basada en la existencia de una naturaleza humana, de que todos los individuos comparten rasgos en común: a nadie le gusta que se le trate injustamente, que se le humille, que se le esclavice.

Por mucho que la gente pueda variar en algunas cosas no varían en esto. La igualdad humana es una idea moral, pero no significa la identidad de todos los individuos. Es evidente por ejemplo, que los seres humanos no tienen igual altura, y que la altura en buena medida está determinada genéticamente, pero vivimos en una sociedad donde a nadie se le discrimina o se le debería discriminar por ser más o menos alto. El hechos es que el color de la piel, la inteligencia o el aspecto físico viene también determinado genéticamente, pero discriminar a las personas por su aspecto, su raza o su inteligencia no proviene de la biología, sino de la sociedad; en una sociedad no racista por ejemplo la heredabilidad de la raza no tendría importancia.

Tampoco el darwinismo social se debe deducir de la existencia de una naturaleza humana. Las razones para rectificar las desigualdades sociales son razones que obedecen a nuestro sentimiento de la justicia, y estas permanecen incluso aunque aceptásemos que algunos individuos están más dotados que otros. Pinker utiliza la teoría de la justicia de Rawls para defender que hay buenas razones para favorecer a las personas más desfavorecidas biologicamente, y no para lo contrario.

En tercer lugar, Pinker intenta defender que la creencia la naturaleza humana no favorece las políticas eugenésicas o genocidas. No fue la creencia en la naturaleza humana lo que empujó a Hitler o a Stalin, sino la tendencia a dividir a las personas en grupos (los grupos de dentro y grupos de fuera, nosotros y ellos) y a tratar a los grupos de fuera como menos humanos.

El miedo a la imperfectibilidad

El segundo argumento es que si las personas son inmorales de forma innata serían vanas las esperanzas de mejorar la condición humana. Cualquier intento de reforma social sería una pérdida de tiempo. Para Pinker este es un ejemplo de falacia naturalista; el hecho de decir de algo que es natural no significa decir que es bueno. De hecho estamos en el mundo para imponernos a nuestra naturaleza. La mente humana es algo complejo y gracias a aspectos que también forman parte de la naturaleza humana como la razón, el lenguaje o los sentimientos podemos hacer mejor el mundo.

Comprender que existe una naturaleza humana, sin embargo, si nos puede poner en guardia contra reformas sociales utópicas que van en contra de ella y que pueden caer en el peligro del autoritarismo.

El miedo al determinismo

El tercer peligro es el miedo al determinismo; si las personas son producto de la biología el libre albedrío sería sólo una ilusión y las personas serían irresponsables de sus actos.

El peligro evidente es que el determinismo sirva como coartada inmoral. Pinker señala a esto que:

  1. No es la biología la que suele argüirse como coartada en los juicios, por ejemplo, sino que la coartada suele ser más de tipo social.

  1. Aún así, y sin pretender esclarecer la discusión metafísica sobre el libre albedrío, Pinker defiende que la moralidad tiene sentido como disuasión; Si la gente tiene tendencia a comportarse mal, la existencia de normas morales y castigos les puede servir para pensarlo dos veces antes de hacerlo. Pinker reduce la moralidad a un asunto muy prosaico: disuadir a las personas de realizar actos conflictivos en beneficio propio reduciendo a cero su rentabilidad. Los actos inmorales han de ser castigados en beneficio de todos, pero para disuadir de que sean realizados, y no como una mera forma de venganza. Civilización significa ante todo sustituir la venganza por la justicia, lo cual exige negarse a infligir un dolor innecesario, por ejemplo no castigando a aquellas personas que juzgamos no responsables, pues si juzgamos que no hubiera sido posible disuadirlas… ¿qué sentido tiene?

El miedo al nihilismo

El cuarto peligro al que se enfrenta Pinker en su libro es el miedo al nihilismo. Si las personas son únicamente un producto de la biología, la vida ya no tendría un sentido o un propósito superior. Para algunas personas la idea de que la los hombres tienen una naturaleza biológica resulta insoportablemente materialista. De este modo la doctrina de la naturaleza humana se enfrenta muchas veces a la religión.

Pero no solamente las personas religiosas, también los pensadores seculares arguyen contra la idea de una naturaleza humana acusandola de insoportablemente nihilista, al defender que cosas como el amor o la amistad tienen causas biológicas. Para algunas personas escuchar, por ejemplo, que el amor tiene una razón biológica parece significar que el amor no es más que algo ilusorio (una especie de trampa de la evolución) pero, arguye Pinker, también nuestro sentido de la vista tiene un componente biológico y evolutivo innegable, y nadie piensa que el mundo visible sea una ilusión o una trampa.

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