1. La relación entre ciencia y tecnología

La técnica funciona como condición de posibilidad de la misma ciencia, no pudiéndose admitir de forma crítica la tradicional interpretación de subordinación de la técnica la ciencia. Hoy en día está claro que el mayor acicate de la investigación científica es la demanda tecnológica. Tras la revolución científico-técnica de los últimos años, a la ciencia se la sigue considerando como una actividad teórica, pero cada vez más ligada la industria.

3.1. La concepción tradicional de la ciencia y la tecnología

Frente al desconcierto de la opinión pública, la opinión del “establishment” académico sigue siendo firme y segura. Dicha concepción tradicional sostiene que la ciencia-tecnología es una actividad autónoma, neutral y benefactora de la humanidad. Esta concepción se sigue usando hoy día para legitimar formas tecnocráticas de gobierno y continúa orientando el diseño curricular en todos los niveles de la enseñanza.

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Detengámonos ahora en el origen de dicha concepción antes de desarrollar su crítica y comentar sus consecuencias políticas. Esta concepción es herencia del legado positivista. Para el positivismo del XIX, la ciencia y la tecnología constituyen los mayores campos de progreso de la humanidad, encaminadas a mejorar la vida de los hombres y a establecer la verdad (frente a las mixtificaciones míticas, religiosas y filosóficas de las épocas anteriores) La idea de que la ciencia servía como el modelo de La Verdad fue recogida por el positivismo lógico de Carnap en el siglo XX.

Con este trasfondo aparece una imagen simplista de la tecnología, vista únicamente como ciencia aplicada a la construcción de artefactos. El progreso científico consiste entonces en la búsqueda de la verdad, y la tecnología aparece como un subproducto no buscado, aunque positivo,  del avance científico. Nicholas Maxwell expresa con ironía esta creencia en la “mano invisible” de la verdad: la verdad, alcanzada de modo autónomo, acabaría por producir un mundo de posibilidades tecnológicas. Se trata de la conocida concepción unidireccional del progreso humano:

Progreso científico –> progreso tecnológico –> progreso económico –> progreso social

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Esta visión positivista de la ciencia y la tecnología se alía con una vieja creencia: la de que los gobernantes, para gobernar con efectividad, deben estar en posesión de alguna clase especial de sabiduría. Ésta era también la convicción de Platón en “La República” cuando defendía la aristocracia de filósofos; la de Bacon en su “Nueva Atlántida”, en donde concedía las riendas del gobierno a científicos iluminados por su método inductivo; o, en nuestra época, la de Skinner al idear una ingeniería de organización social, basada en su propia tecnología conductual en “Walden Dos”. El gobierno de los sabios platónico ha evolucionado hasta el gobierno de los expertos, o tecnocracia, actual.

Con la hegemonía del positivismo, hasta finales del siglo XIX existía entre los líderes de opinión un consenso claro sobre el carácter positivo de todo avance científico e innovación tecnológica. Las exposiciones universales son un ejemplo de esa actitud. En ellas las novedades tecnológicas eran presentadas como avances de la humanidad en una línea que significaba progreso.

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Pero esta imagen de la ciencia como conocimiento puro libre de cargas valorativas y compromisos prácticos es cuestionada hoy como ideológica. Veamos cómo.

3.2 Críticas a la concepción tradicional de la ciencia y la tecnología

3.2.1 La critica marxista; Ciencia y técnica como ideología

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La visión anterior de una “ciencia pura” ha sido criticada por autores tales como Marcuse, Habermas o Feyerabend. Los postulados de dicha ideología señalados por Isaiah Berlin son los siguientes:

  • Cada problema auténtico tiene una única solución correcta.
  • Hay un método y solo uno cuya aplicación permite alcanzar la solución correcta (método científico, que permite distinguir los problemas de pseudoproblemas –>a)).
  • Si hay varias soluciones correctas, todas son compatibles entre sí.

La Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, Marcuse) utilizan los términos “Razón Instrumental” y “Hombre Unidimensional” para dar cuenta del contenido ideológico de los postulados anteriores. Para estos autores la ciencia se ha convertido no en un instrumento de liberación, sino en un instrumento para utilizar a los seres humanos y alienarlos mediante técnicas refinadas de control político. La tecnología no ha redundado en una verdadera liberación, sino en una ideología legitimadora en la medida en que proporciona vidas más confortables, aunque más alienadas, puesto que el fin último de esta sociedad es mantener un sistema de producción de bienes de consumo. Así, el sistema económico y político puede ser alienante e injusto en grado sumo, pero se redime proporcionando gadgets tecnológicos a los sujetos. Fines últimos más liberadores (amistad, cultura, libertad, justicia, igualdad, ocio, amor…) son despreciados por la ideología tecnológica, en tanto en cuanto no son cuantificables ni “sirven” para nada.

La resistencia que oponen los avances tecnológicos, sin embargo, es enorme. Cuando uno de ellos se impone, independientemente de su valor, lo hace para quedarse. De un modo análogo a la célebre “falacia naturalista” de Hume (concluye un “debe ser” a partir de un “es”), la tecnología contemporánea no es demasiado respetuosa con la lógica. Un ejemplo es el de las tecnologías atrincheradas, es decir, aquellas tecnologías arraigadas en nuestro tejido socioeconómico. El mejor argumento con el que cuenta es el siguiente: estas tecnologías han de seguir entre nosotros porque ya se hallan entre nosotros y, además, es extremadamente difícil su erradicación. (Un caso por ejemplo, es el del automóvil privado con motor de explosión; es una tecnología de transporte bastante poco racional y muy costosa, a la que dedicamos recursos económicos y políticos sin fin, pero que parece imposible de erradicar) Sin embargo, la evaluación y monitorización de éstas, junto a la promoción de la participación pública en tal control, puede contribuir a prevenir este atrincheramiento y sus efectos negativos. Constituye un buen antídoto contra el “sonambulismo tecnológico” (Langdon Winner).

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Un particular grupo social (el de los expertos) desempeña un papel crucial en las decisiones que toman los políticos en relación a la ciencia-tecnología. Pero parece que el gran público continúa sin capacidad decisoria sobre estos temas.

Como es evidente que hay una controversia social que rodea actualmente al fenómeno científico-tecnológico,  se hace necesario que los ciudadanos (generalmente mal informados para manifestar su opinión) sean mejor informados, se creen instrumentos evaluativos sensibles a la participación pública y articular cauces institucionales para que los ciudadanos puedan expresar su voluntad. Una vez más, aparece el ámbito de la educación como herramienta necesaria para dicho cambio social.

3.2.2. Ciencia y técnica como Ontología.

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No solo desde el marxismo se ha criticado el peligro de una cierta mentalidad tecno-científica.: Desde parecidos puntos de vista también lo han hecho Husserl, Ortega y Heidegger. Para Husserl el error capital de la ciencia consiste en despreciar todo lo subjetivo (desentendiéndose de ello o, en el peor caso, tratando de estudiarlo objetivamente) . Si no hay conocimiento de lo subjetivo ni de lo intersubjetivo, piensa Husserl, se pasa por alto un ámbito inmenso de la realidad, lo que Husserl llama el Mundo de la Vida, al servicio del cual debe estar la ciencia.

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Para Ortega, en Meditación de la técnica: gracias a la relación del hombre con la técnica podemos descubrir la auténtica constitución de este. La técnica no puede ser sólo una adaptación al medio. Al contrario que el acto meramente biológico, el acto técnico es invención y creación. La técnica sólo se hace posible cuando las necesidades biológicas están satisfechas. Entonces el hombre puede disponerse a vivir humanamente y no solamente en el estar, sino en el bienestar. Y en el proyecto que es el hombre, la forma de bienestar que se desea, se manifiesta en los distintos tipos de técnicas que se adoptan. Para Ortega la tecnología es una especie de ortopedia humana, que necesitamos para andar por el mundo dadas nuestras debilidades, y una creación humana.

En estos dos autores se pretende resituar la relación del hombre con la técnica, de modo que la ciencia y la técnica pasen a estar al servicio de la vida humana.

Pero el autor que llegó más lejos en su crítica a la ciencia y la técnica como ontología fue Heidegger. Para este autor la técnica proporciona una ontología en un triple aspecto; está a la base de la sociabilidad humana, es una cierta forma en la que se desvela el ser de los entes y determina una cierta relación del hombre con el ser.

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SOCIABILIDAD DE LA TÉCNICA

“La pregunta por la técnica”: uno de los rasgos de la mundanidad del mundo es el desvelamiento del Ser-con. Esta mundanidad se representa mediante los lazos que origina la técnica. La relación ser-con desvela a través de los compromisos técnicos el carácter social del mundo y sale a la luz en la práctica tecnológica. El mundo no está compuesto de herramientas y artefactos, sino de herramientas usadas con otros y artefactos pertenecientes a otros.

TÉCNICA COMO DESVELAR

A la pregunta por el sentido de la técnica, Heidegger contesta que no es algo que se pueda concebir como mera instrumentalidad, ser medio para ciertos fines. La producción de medios para ciertos fines es un causar y todo causar, dirá Platón, es producción y no manufactura, es traer a la presencia: pasar de lo oculto al desocultamiento. La técnica en cuanto producción se encuentra en el ámbito del descubrir de la verdad.

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LA TÉCNICA MODERNA

Es un desocultar, pero consiste en un provocar, que exige a la naturaleza suministrar energía que pueda ser extraída y almacenada. Esta actitud es distinta a la de la Antigüedad, pues aquella no provoca naturaleza, sino que humildemente se pliega a sus condiciones. Para el científico la naturaleza es un almacén de energía calculable en el futuro y manipulable. La técnica como desvelamiento del ser es ambivalente y oculta un peligro y una salvación. Habrá peligro siempre que el hombre trate a la naturaleza como un simple dispositivo.

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