Dentro de nuestro bloque temático sobre el conocimiento ya nos hemos cuestionado lo que es conocer, cómo aprendemos y conocemos, qué grados hay de conocimiento, cuáles son los límites del conocimiento humano, qué valor tiene conocer, etc. Ahora vamos a iniciar el estudio y análisis de la tecnología en tanto aplicación práctica del conocimiento (en este caso, la ciencia) y cómo nos relacionamos y vemos dicha forma práctica de conocimiento. Es importante que nos planteemos la relación del hombre con la tecnociencia y su lugar en la sociedad, ya que cada día va ganando más terreno y ya es una manera de conocer imprescindible para nosotros.

0. Introducción

La imagen popular de la ciencia y la tecnología

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Forman parte consustancial de nuestra vida. Nos concebimos a nosotros mismos como complejas máquinas físico-químicas con un cerebro que ha resultado ser análogo a un potente y complicado ordenador. Incluso en la construcción colectiva de la vida social hemos tomado a las máquinas como modelo desde Adam Smith y la Revolución Industrial. Así, nuestra visión del mundo es mediatizada por el desarrollo científico-tecnológico. No podemos prescindir de él.

Confiamos en la ciencia y la tecnología y comprobamos que la lógica de la sociedad moderna es la lógica de la eficacia tecnológica. Día a día encontramos en los medios de comunicación batallas ganadas por la ciencia y la tecnología sobre el oscurantismo y la impotencia: conquistas en la aventura espacial, enfermedades dominadas, cosechas mejoradas, etc. Al límite, hemos llegado a un momento en que resulta automático enfrentarse a cualquier problema humano (la pobreza, la soledad, la mortalidad…) con la pregunta; “¿Qué tecnología podría resolverlo?”.  Es una confianza ciega en lo que Huxley llamaba la “Iglesia Científica”.

La ciencia: el Golem contemporáneo

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Praga, finales del siglo XVI. En una sinagoga el rabino Low construye una criatura de barro al servicio de sus creadores. Los sábados, el día sagrado, no se le da la poción mágica y debe descansar. Sin embargo, un sábado no se le retiró la poción y Golem enloqueció. Como sucedía con Golem, útil pero temible, una mezcla de confianza y cautela nos encadena a la ciencia-tecnología contemporánea. Su saber la hace necesaria, pero también peligrosa.

La ciencia, en última instancia, no es buena ni mala. Resulta imprescindible en el mundo de hoy, pero es necesario que estemos atentos a sus posibles consecuencias.

La confianza en la ciencia ha comenzado a resquebrajarse durante las últimas décadas: Hiroshima supuso la pérdida definitiva de la inocencia. La ciencia y la tecnología, además de resolver problemas, pueden causar problemas nuevos. Desde entonces, muchos científicos nos alertan del deterioro de la naturaleza o la pérdida de diversidad biológica.

Arthur Clarke, el autor de ciencia ficción, (2001, Una odisea en el espacio)  formuló la máxima de que “toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. En efecto, estamos frente a ella con una perplejidad admirativa y temerosa, como ante algo inaccesible al común de los mortales. La percepción pública de la ciencia-tecnología es esquizofrénica y los medios han contribuido a ello con diversos mensajes contrapuestos procedentes de diferentes grupos que han ido tomando posiciones extremas en el debate.

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Por ello, no es exagerado hablar de tecno-optimistas y tecno-catastrofistas. Mientras hay quienes piensan que la mayoría de los problemas sociales, económicos, políticos y culturales actuales serán resueltos por las nuevas tecnologías, otros están convencidos de que tales problemas son causados por la tecnología.

Por ejemplo, mientras que teóricos como Toffler creen que el desarrollo de la informática hará posible la democracia directa, otros como Theodore Roszak ve con este desarrollo una amenaza de la privacidad y una potenciación del estado autoritario. Para unos, los smartphones y las redes sociales son instrumentos de democratización. Para otros, como Richard Stallman,  son instrumentos de vigilancia con los que hubiera soñado  Stalin.

Posiciones parecidas se mantiene respecto a las biotecnologías que hacen uso de la tecnología del ADN recombinante. Para algunos será posible acabar con el hambre en el mundo gracias a la creación de animales y plantas transgénicas, y las bacterias modificadas ayudarán a la solución del problema de los residuos industriales y domésticos. Por el contrario, otros replican que dichas investigaciones necesitan unas inversiones de magnitudes proporcionales que acabará abriendo más la brecha entre países ricos y pobres. Y así sucesivamente.

Por todo esto, no es sorprendente que el debate político esté relacionado con temas ambientales, tecnológicos, modelos de desarrollo, etc. Sin embargo, las respuestas de la administración a problemas de este tipo siguen basadas en una gestión tecnocrática que ignora la opinión pública. Se trata de una tradición tecnocrática en la que cualquier avance tecnológico se presenta como un hecho consumado, incapaz de crear cauces participativos que contribuyan al debate constructivo y abierto más bien que hacia el mero enfrentamiento entre tecno-optimistas y tecno-catastrofistas.

  1. Breve historia de la técnica

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Desde el inicio de la especie humana esta vive en simbiosis con la tecnología (influencia mutua): el hombre elige el tipo de técnica y ésta influye en su vida. Desde que surgió el homo sapiens, los humanos han creado la técnica y esta les ha creado a ellos. Incluso en lo referente a su biología (al modo, por ejemplo, como el uso del fuego para cocinar cambió nuestra dentición).

En general la palabra técnica se utiliza en relación a instrumentos artificiales: máquinas y procesos de producción. Pero ésta ha experimentado cambios en su concepción y fines.

Hay que hacer una breve aclaración terminológica: en lo sucesivo diferenciaremos técnica y tecnología:

  • Técnica: conjunto de procedimientos en práctica para obtener un determinado fin (técnicas de caza, danza, cocina).
  • Tecnología: sentido más amplio ya que hace referencia a un sistema de acciones mediante las cuales el hombre actúa sobre el medio utilizando técnicas concretas para responder a sus necesidades. Se entiende por tecnología tanto a la aplicación de la ciencia y como al sistema de producción industrial.

Vamos a hacer una pequeña historia de la técnica y su relación con el hombre, siguiendo a Carl Mitchan: “Tres formas de ser-con la tecnología”. Mitchan toma la expresión “ser-con la tecnología” de Heidegger en Ser y tiempo.

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1.1. La técnica antigua y medieval

Los griegos utilizaban el término “techné”: proceso mediante el cual se realiza algo, se transforma algo natural en algo artificial. Esta palabra no se refiere a cualquier habilidad, sino sólo aquella que sigue unas determinadas reglas. También significaba “oficio”. Para Aristóteles la técnica tiene un rango superior a la experiencia e inferior al razonamiento.

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Para los antiguos, la relación con la técnica es de ESCEPTICISMO: la técnica es necesaria, pero peligrosa. Cuatro presupuestos:

  1. La voluntad tecnológica implica una desviación de la fe, una negativa a confiar en Dios.
  2. El uso de la técnica tiende a socavar el esfuerzo individual hacia la excelencia y la virtud. (Esta es, por ejemplo, la argumentación de Platón contra la escritura en el Fedro, en la que crítica que los hombres, al poseer el arte de la escritura, dejan de cultivar su memoria y su razonamiento)
  3. El hombre se relaciona más con el mundo a través del conocimiento tecnológico, olvidando lo trascendente.
  4. Los artefactos son menos reales que los objetos naturales.

Estas son las opiniones reflejadas tanto en los mitos arcaicos (Prometeo e Ícaro) como en las obras de Platón (la República y Fedro) y Aristóteles (Física).

1.2. La técnica renacentista e ilustrada

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1565: Tartaglia calculó el ángulo del cañón para obtener la precisión deseada. A partir de entonces, los conceptos científicos naturales se realizan mediante operaciones matemáticas e instrumentos de medición, por lo que hay una evolución del conocimiento científico unido a instrumentos técnicos (reloj, telescopio, péndulo).

El fuerte desarrollo tecnológico comenzó a plantear algunas cuestiones problemáticas para el conocimiento científico.

En el Renacimiento se produjo un gran acercamiento entre las ciencias naturales y la técnica. La técnica no se limitó como en la Antigüedad o en la Edad Media a prepararse para aprovechar el azar, sino que obtuvo los presupuestos para poder investigar ilimitada y sistemáticamente todas las posibilidades técnicas.

También surge la figura del inventor, (Leonardo da Vinci) cuya intención era traducir sus supuestos teóricos a la práctica. El inventor aparece como una figura casi amateur, que inventa sin atender a las cuestiones económicas, políticas o sociales.

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La relación con la técnica en este periodo es de OPTIMISMO: defiende la bondad inherente de lo tecnológico y el carácter meramente accidental del uso que se pueda hacer de ello.

  1. Francis Bacon: la voluntad de la tecnología es ordenada por la naturaleza y por Dios para poder aliviar el sufrimiento.
  2. Hume: la actividad técnica es moralmente beneficiosa porque estimula la acción humana, crear riqueza pública y aumentan la sociabilidad de los individuos.
  3. Bacon y Enciclopedia Francesa: el conocimiento adquirido por el contacto técnico con el mundo es más verdadero que el conocimiento abstracto.
  4. La naturaleza no es más real que los artificios ya que opera con los mismos principios. Si el mundo es concebido como un gran artefacto o algo que funciona mecánicamente, será razonable pensar al hombre de forma mecanicista.

La técnica en la Revolución industrial.

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La relación del hombre con la tecnología puede calificarse de DESASOSIEGO ROMÁNTICO: las teorías de la post-Ilustración se volvieron más críticas con el avance tecnológico debido a los desgarros sociales y culturales, creciente polución, etc.

  1. Cuestionamientos sobre la capacidad emancipadora del desarrollo tecnológico porque coarta la libertad humana en vez de potenciarla. A nivel individual la técnica posibilita mayor liberta material, pero puede socavar la fuerza de los afectos y de la imaginación, produce una restricción de la capacidad de acción.
  2. La razón y el conocimiento científico son criticados en nombre del poder de la imaginación. Supone autonomía humana, pero también un grillete para la mente.
  3. La máquina es una forma disminuida de vida, mito de Frankenstein.
  4. Convive junto con la admiración de la capacidad creadora de la técnica el miedo no poder controlar sus consecuencias negativas, desasosiego (Rousseau, William Blake y su poema de de Milton en el que identificó a Satán con el abuso de poder por parte de la técnica y la ciencia).

Así, hay una misma actitud de atracción-repulsión.

Hemos detenido nuestro repaso histórico sobre la relación del hombre con la técnica en la revolución industrial. A partir de ahora, pasaremos a tratar la cuestión desde un punto de vista temático, centrándonos en el estado actual de la cuestión.

2,¿Qué es la tecnología?

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2.1. Las características de la tecnología

Probablemente si un hipotético viajero en el tiempo nos visitase desde el pasado lo que más le llamaría la atención sería nuestra tecnología. Nosotros, como peces en la pecera, somos ignorantes de esto, pero no cabe duda que la relación del hombre con la tecnología nos caracteriza. Nuestro hipotético viajero advertiría que diferimos con él tal vez en dos cosas:

-Una determinada manera de pensar y de afrontar los problemas. (Una epistemología)

-Una determinada forma de existir (una ontología)

A) Su valor epistemológico: ¿En qué consiste pensar tecnológicamente?

Lo propio del pensamiento tecnológico es este imperativo hipotético: si deseas conseguir un objetivo debes considerar los medios propuestos como eficientes y si consideras aceptables los costes estimados, entonces tienes que utilizar esos medios, en caso contrario te comportarás irracionalmente. (¿Quieres algo?¿Sabes cómo hacerlo? ¿Merece la pena? Hazlo)
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Además, el pensamiento tecnológico tiende a privilegiar determinados elementos en lugar de otros.

  1. Cuantitatividad. La tecnología selecciona en función de los caracteres de lo que ha de investigar, escoge aspectos susceptibles de tratamiento cuantitativo: reducción epistemológica.
  1. Funcionalidad. Los objetos son comprendidos como medios que sirven para obtener un fin, son funcionales. Ante cualquier objeto de conocimiento (la electrónica, la filosofía, la quimica, la astronomía, el pensamiento tecnológico se preguntará : ¿para qué sirve?)
  2. Disponibilidad: para el tecnólogo, sus objetos son utensilios, es decir, son usados a voluntad.
  3. Experiencia. Los artefactos tecnológicos suponen un conocimiento previo a veces muy extenso. La tecnología se entiende como un círculo solo accesible a los expertos.

En consecuencia, la mirada tecnológica tenderá a ignorar, o en el peor de los casos a negar, todos los aspectos del conocimiento que no cuadren bien con lo anterior; lo cualitativo, lo valorativo, los fines, lo inutilizable, lo necesario, lo profano..

B) Su valor ontológico: ¿En qué consiste existir tecnológicamente?

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La tecnología determina nuestra forma de comprender y acceder al mundo. Ha de ser contemplada como una forma más de conocimiento y de estar en el mundo, junto con otras formas más clásicas como la científica, religiosa, filosófica. Hay que atender a lo técnico como parte constitutiva del hombre. No se puede concebir a la tecnología como mero entorno sino como el mundo del hombre y como un particular acceso a una verdad que se desvela.

Más adelante cuando hablemos de Heidegger trataremos con más detalle el valor ontológico de la tecnología.

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